La maternidad siempre trae grandes cambios a la vida, no sólo físicos sino emocionales y si uno se le permite cambios también espirituales y de esencia. A nivel pareja ya no son dos en el día a día y ahora todo se tiene que dividir en tres. Las tareas, los horarios y las diversiones se transforman para dedicarse ahora a una sola personita, la cual se descubre y aprende de esta vida, en primera instancia y de primer contacto (y el más importante): sus padres.
Esta es la sesión que le hice a mi sobri Valentina: Inquieta, sonriente y muy bella, y que llegó a la vida de sus papás para darles un vuelco de muchos grados, los cuales se inclinan ahora a una vida más amorosa, conscientes de que el ahora está aquí, que son tres y que el país que han elegido para vivir los ha acogido con los brazos abiertos, juntos van de la mano de Valentina llenos de alegría. Me hicieron recordar que hay que estar abiertos a las sorpresas que como siempre, nos regala la vida.










